¿Qué factores impulsan el acaparamiento de aguas?


El acaparamiento de aguas es una de las expresiones de un modelo de desarrollo económico en que la acumulación de capital está vinculada con el creciente control de recursos naturales abundantes y baratos, entre los que estarían los alimentos, el agua y la energía. El estallido de la crisis financiera mundial en 2008, acompañado de una extraordinaria subida de los precios de las materias primas y una creciente especulación financiera con los alimentos, ha provocado una nueva oleada de acaparamientos de tierras, aguas y recursos, mediante los que gobiernos e inversores buscan garantías que no pueden proporcionar unos mercados cada vez más volátiles e inestables. En efecto, la interrelación entre seguridad hídrica, energética y alimentaria es muy relevante y merece la pena analizarla con mayor detalle.

Producción de agrocombustibles

El incremento gradual de los precios del petróleo y la creciente preocupación de que se haya alcanzado ya ‘el pico del petróleo’ han disparado señales de alarma sobre la alta dependencia de los combustibles fósiles que caracteriza a las economías modernas. La búsqueda de alternativas a las fuentes de energía no renovables se ha centrado en gran medida en los agrocombustibles: cultivos como la palma aceitera, la jatrofa, la caña de azúcar y la soja, que se producen como fuente de combustible líquido para el sector del transporte y varios usos industriales.

En Asia, África y América Latina se ha producido un verdadera explosión en la producción de agrocombustibles, que se ha visto aún más intensificada por decisiones gubernamentales como la Directiva sobre energías renovables de la Unión Europea (UE) y un gran número de subsidios y préstamos preferenciales. Sin embargo, la idea de que los agrocombustibles representan una fuente de energía limpia y eficiente se ha demostrado claramente errónea, entre otras cosas por la enorme cantidad de agua que se necesita en el ciclo de producción: desde el riego de los cultivos al lavado de la cosecha, pasando por la refrigeración de las calderas durante el procesado.

Por ejemplo, en el caso del cultivo de caña de azúcar para producir etanol, se necesitan 7.000 litros de agua para obtener 12 kilogramos de azúcar, necesarios para conseguir un litro de etanol. En ocasiones, la alta intensidad hídrica que supone producir agrocombustibles no se tiene en cuenta, lo cual entraña consecuencias catastróficas para otros usuarios de agua.

Las corporaciones agroindustriales

Del mismo modo que el incremento de los cultivos para combustibles refleja la búsqueda por parte de Estados e inversores de suministros estables y baratos de energía en circunstancias de competencia y crisis económica, la apropiación de recursos de agua para cultivar alimentos se basa en una lógica parecida. Como los precios de los alimentos se han disparado en los últimos años, un creciente número de países y de grandes corporaciones agroindustriales están intentando reducir su dependencia de los mercados internacionales involucrándose directamente en la producción agrícola.

Este factor, por ejemplo, es de gran relevancia en los proyectos de muchos Estados del Golfo, ya que sus propios recursos de agua están al límite y el coste de la importación de alimentos no cesa de aumentar (se calcula que dicho coste representa hasta un tercio de la inflación experimentada en la región). Así pues, apropiarse de tierras y aguas para producir alimentos en otros países es visto como una estrategia de estabilización económica y como un medio para protegerse contra la inflación a largo plazo. Lo mismo puede decirse de las corporaciones agroindustriales, que han dado un giro hacia una mayor integración vertical con el objetivo de garantizar sus márgenes de beneficio y ejercer más control en toda la cadena de valor.

Los ‘cultivos comodín’

Mientras tanto, se está dando también el creciente fenómeno de los ‘cultivos comodín’ (flex crops), es decir, cultivos que tienen distintos usos (alimentos, forraje, combustible, material industrial) y que se pueden intercambiar de forma fácil y flexible en función de varios factores, como el cambio de las señales de precios en los mercados globales.8 Entre estos cultivos, se encontrarían algunos de los que requieren una mayor intensidad de agua y/o generan una mayor destrucción de cuencas y bosques autóctonos: la soja (forraje, alimentos, biodiésel), la caña de azúcar (alimentos, etanol), la palma aceitera (alimentos, biodiésel, usos comerciales/industriales) y el maíz (alimentos, forraje, etanol).

El sector de los cultivos comodín, por ejemplo, es uno de los que está experimentando un crecimiento más acelerado en América Latina hoy en día. Además de los cultivos comodín, puede que estemos presenciando también una creciente tendencia hacia los ‘árboles comodín’, es decir, monocultivos de árboles que se pueden destinar a varios fines, como madera para construcción y muebles, madera para virutas y tacos de madera, y actividades de (re)forestación para la captura de carbono y otros llamados ‘servicios ambientales’.

Si bien el impacto de las plantaciones de árboles sobre los ecosistemas y los usuarios locales desde el punto de vista de la (re)asignación de agua es complejo y viene determinado por muchos factores, cada vez hay más pruebas de que las repercusiones en los ecosistemas y las comunidades locales pueden ser extremadamente negativas.

Las (in)seguiridades

Los factores que impulsan el acaparamiento de aguas ponen de manifiesto cómo la acumulación de capital por parte de las corporaciones está estrechamente relacionado con el control de recursos naturales como el agua. Es en este contexto en el que cabe cuestionar la tendencia a convertir todos los debates en torno al agua, los alimentos y la energía en temas de seguridad: seguridad hídrica, seguridad alimentaria, etcétera. Con esto, se corre el peligro de conferir un grado de legitimad a la apropiación privada de los recursos de agua. Entender que el acaparamiento de aguas tiene menos que ver con una verdadera preocupación por la disponibilidad de reservas de agua, alimentos y energía (lo cual comportaría una cierta consideración por su conservación y uso sostenible) y mucho más con garantizar la rentabilidad de ciertas economías y compañías que venden a los mercados globales y se abastecen de ellos constituye el primer paso para rechazar esta lógica. En efecto, el peligro del acaparamiento de aguas está en la capacidad de ciertos actores para usar su poder con el fin de explotar las preocupaciones, tanto reales como supuestas, en torno a la escasez de agua.

Fuente: tni.org

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2 pensamientos en “¿Qué factores impulsan el acaparamiento de aguas?

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