¿Qué deberían hacer los países que se enfrentan a la escasez de agua?


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La escasez de agua supone un verdadero problema para muchos países áridos. Con el cambio climático, la escasez de agua en ciertas zonas ecológicas se exacerbará, ya que el calentamiento global lleva a una mayor variabilidad de las lluvias y a un creciente riesgo del descenso de las precipitaciones, el agotamiento de las aguas subterráneas y la sequía. Por lo tanto, todos los usuarios de agua deben ajustar el impacto previsto del cambio climático a las reservas de agua en el futuro. En este contexto, la cuestión es qué deben hacer los países que se enfrentan a una escasez de agua para garantizar su seguridad hídrica.

Existen varias opciones, tanto basadas en el suministro como en la demanda. En lo que se refiere al suministro, los Estados pueden invertir en expandir los recursos de agua mejorando las instalaciones para su almacenamiento y adoptando fuentes no convencionales como el agua de mar, que se puede convertir en agua dulce mediante técnicas de desalación. Ambas opciones son caras y exigen importantes inversiones de capital y altos costes energéticos, por lo que no están al alcance de los países con menos renta o pueden ir acompañadas de impactos ambientales. Las opciones basadas en la demanda suelen ser más eficaces desde el punto de vista económico, social y ecológico. Las iniciativas que se centran en el reciclado y la conservación de aguas, así como en la reducción de las pérdidas y fugas de agua pueden generar mejoras sustanciales. Sigue leyendo

Explotación de aguas y tierras


Las causas del acaparamiento de aguas son parecidas a las del ‘acaparamiento de tierras’, el fenómeno por el que inversores adquieren o arriendan grandes extensiones de terrenos, con impactos socio-económicos y medioambientales negativos. El control de la tierra por parte de un determinado inversor suele ir acompañado del correspondiente control sobre los recursos de agua de dicha tierra. De hecho, el acceso al agua podría ser incluso el elemento más valioso del acuerdo. Más aún si se tiene en cuenta que los gobiernos anfitriones intentan atraer a los inversores ofreciéndoles concesiones con respecto al uso del agua.

En Malí y en Sudán, por ejemplo, se ha otorgado a los inversores un acceso ilimitado al agua, de forma que puedan usar toda la que necesiten. Algunos inversores internacionales acuerdan construir infraestructuras de agua a cambio de la adquisición o el arrendamiento de tierras. El gobierno libio, por ejemplo, construyó un canal de riego a cambio de 100.000 hectáreas de tierras en Malí. Sigue leyendo

¿Qué factores impulsan el acaparamiento de aguas?


El acaparamiento de aguas es una de las expresiones de un modelo de desarrollo económico en que la acumulación de capital está vinculada con el creciente control de recursos naturales abundantes y baratos, entre los que estarían los alimentos, el agua y la energía. El estallido de la crisis financiera mundial en 2008, acompañado de una extraordinaria subida de los precios de las materias primas y una creciente especulación financiera con los alimentos, ha provocado una nueva oleada de acaparamientos de tierras, aguas y recursos, mediante los que gobiernos e inversores buscan garantías que no pueden proporcionar unos mercados cada vez más volátiles e inestables. En efecto, la interrelación entre seguridad hídrica, energética y alimentaria es muy relevante y merece la pena analizarla con mayor detalle.

Producción de agrocombustibles

El incremento gradual de los precios del petróleo y la creciente preocupación de que se haya alcanzado ya ‘el pico del petróleo’ han disparado señales de alarma sobre la alta dependencia de los combustibles fósiles que caracteriza a las economías modernas. La búsqueda de alternativas a las fuentes de energía no renovables se ha centrado en gran medida en los agrocombustibles: cultivos como la palma aceitera, la jatrofa, la caña de azúcar y la soja, que se producen como fuente de combustible líquido para el sector del transporte y varios usos industriales. Sigue leyendo